martes, 15 de septiembre de 2015

Las ruinas étnicas del Quintana Roo turístico


En una entrevista concedida a El País, el antropólogo mexicano de origen catalán, Roger Bartra, señaló unas ideas que pueden servir para borronear un somero perfil –o más preciso, una interpretación individual- de la cuestión étnica actual en el estado mexicano de Quintana Roo. Recordemos que Bartra, desde el primer momento en que las modas por los “derechos indígenas” cundieron en el país a partir del 1 de enero de 1994, se declaró un crítico sistemático de esas fiebres tercianas que las “sanguijuelas de la identidad” (entre los que destacan, antropólogos, intelectuales indígenas y merolicos de todos los colores) proclamaron a voz en cuello. Sobre los derechos indígenas, Bartra apuntó que:


Al abordar el tema de los sistemas normativos étnicos quiero exponer la idea de que su carácter “indígena” es en muchos casos la transposición (real o imaginaria) de formas coloniales de dominación. Es decir, ciertos rasgos propios de la estructura colonial española han sido elevados a la categoría de elementos normativos indígenas (con peculiaridades étnicas prehispánicas). En muchos casos, estos rasgos supuestamente indígenas han sido exagerados enormemente o, incluso, han existido sólo en la mente de algunos funcionarios, políticos o intelectuales. Asistimos con frecuencia a la erección de versiones colonialoides de la realidad india, tan exóticas como el sanguinario guerrero ecuestre guaicurú o el valiente piel roja ululante de la mitología indigenista.[1]

No necesito expresar mis objeciones a esta cláusula de Bartra, las cuales he apuntado en la tesis precitada. En lo que quiero hacer énfasis es en la idea que Bartra sostiene, así como investigaciones regionales han planteado: la idea de la pérdida de la indianidad, o las ruinas étnicas del México profundo remontando multiculturalismos y globalizaciones persistentes en “un mundo desbocado”, como sostiene Giddens.
En dicha entrevista, Bartra define a México como “un país lleno de contradicciones, de estratos antiguos que coexisten con formas modernas y hasta posmodernas, un conglomerado caótico de distintas épocas…El capitalismo tardío está sufriendo importantes mutaciones. La modernidad está mutando y no sabemos hacia dónde. La globalización es una globalización llena de grietas, y eso se padece especialmente en América Latina, donde partes de la sociedad viven inmersas en la posmodernidad y otras continúan en otro siglo”.[2] No podemos concebir, no cabe en la imaginación, hacer un paralelismo entre el Guerrero Bronco, el Guerrero con altos índices de pobreza y marginación social, el Guerrero de las matazones de estudiantes normalistas y desapariciones forzadas llevadas a cabo por grupos delincuenciales y que desembocan en el afantasmamiento de comunidades enteras;[3] con el crecimiento exponencial de la economía del “tigre mexicano”, Querétaro;[4] o con la tranquilidad relativa que existe en Campeche o Yucatán. Hace mucho tiempo que Lesley Bird Simpson acuñó la frase “Muchos Mexicos” para referirse a este país cruzado por sierras, volcanes, selvas, desiertos, penínsulas extrañas y etnicidades en fuga, que hacen de México una nación puzzle sólo unificada por el homogeneizante discurso del poder central.[5]
Otra idea que puede generar polémica entre ciertos defensores a ultranza de la indianidad inmóvil, es la siguiente respuesta que Bartra dio a la pregunta de a dónde queda la cuestión indígena en México, cuestión que tuvo sus momentos estelares en 1994, en 1996 y en el 2001, y que actualmente se difumina en el cerrado círculo de los comprometidos con la cuestión, se deforma en la inquina ignorancia del gobierno actual, y se silencia con las ráfagas de la narcoviolencia:

En México la población indígena ha sido aniquilada, destrozada, mutilada. Ya son como ruinas étnicas, igual que se habla de ruinas arqueológicas. Es un país que exalta la simbología de lo indígena en el Museo Nacional de Antropología y a la vez ha dejado a los indígenas reales en proceso de disolución.[6]

¿Ruinas étnicas? Desde luego que esta frase es polémica, aunque hay que tener presente que las ruinas étnicas corren cerca de la ya clásica crisis de la antropología mexicana y el fin de los paradigmas propuestos por el INI histórico; esto es más presente que nunca. El paradigma del INI histórico se confronta actualmente con el hecho de que ya no hay “indios” que estudiar, o que los indios –y la grave desindianidad inter-generacional que ocurre actualmente- no quieren ser “objetos de estudio” y se vuelven sujetos de estudio, aunque la antropología occidental designe esta postura crítica como “el punto de vista del nativo”, o bien, escorada a la izquierda, la designe con el rimbombante eslogan de las “epistemologías del sur” y sus antropologías surianas.[7]
En Quintana Roo, soy pesimista, el turismo caníbal ha tendido todas las trampas para la disolución completa de la etnicidad, reduciéndola a folklor mal entendido, a una marca vendible al turista blanco (la mayanidad), y en donde las cotas de desbarajuste socio-económico entre "la zona maya" (centro de Quintana Roo, Lázaro Cárdenas) y la zona norte turística, han configurado eso que dice Roger Bartra: La etnicidad en ruinas y las distintas modernidades habidas entre la ruralidad alrededor de Felipe Carrillo Puerto, y la sobremodernidad existente en la zona norte del estado. Estudios recientes al respecto, han puesto los focos rojos y han previsto, tal vez de forma más pesimista aunque no errada, el mundo maya que desaparece.[8]
Es decir, mientras en Quintana Roo, unos son hasta postmodernos, otros no llegan ni al siglo XIX si a términos de salud, bienestar, educación o tecnología hablamos. A pesar de discursos creados por una pujante e inquieta mayanidad profesional en el centro de Quintana Roo (de las canciones de Pat Boy hasta los versos de Wildernain Villegas Carrillo, así como la puesta en circulación de un periódico bilingüe, La Jornada Maya, o la estructuración de un canon gramatical para el idioma maya yucateco), la pérdida y las ruinas étnicas no se pueden negar.
En 1977, un lejano año ya, dos antropólogos argentinos, Miguel Alberto Bartolomé y Alicia Barabas, sacaron un libro ya clásico, donde se profundizaba en los pareceres de Alfonso Villa Rojas sobre “la gran transformación ocurrida en el centro de Quintana Roo de 1935 a 1977[9]; esta “gran transformación”, en realidad radicaba en el brutal y continuo ataque que los órganos del Estado en la zona (desde la escuela, el INI histórico, el sistema municipal y las leyes estatales, sin qué decir del turismo) comenzaban a implementar. Más de medio cuarto de siglo, las condiciones son difíciles en ese estado para la cultura “derelicta” maya, aunque no niego que se da un proceso de culturalización del movimiento indígena en esa región, una culturalización que defiende la identidad promovida hasta por los órganos estatales, a cambio del descafeinamiento de propuestas políticas más radicales. Es decir, en palabras de Charles Hale, “el indio permitido” es el indio que folkloriza y culturaliza tenuemente. El “indio no permitido”, es el que cuestiona, critica, propone otra alternativa de poder. No necesito decir, que los derechos indígenas, en Quintana Roo, se reducen a una cómoda simulación de derechos, o cuanto más, a unos derechos, no indígenas, sino indigenistas.[10]
Y esto lo podemos ejemplificar en un caso paradigmático: mientras que tanto en Yucatán como en Quintana Roo, el CDI promueve el "rap maya" y se da cobertura a las canciones de Pat Boy (algunas de ellas, contestatarias y críticas del marasmo democrático actual) y se le pide su presencia en el rito étnico de una mayanidad impostada en el FIC Maya (este el caso del indio permitido en Yucatán), otras posturas radicales y cuestionadoras de la mentira política y la rapiña como forma de gobierno, son acalladas, ninguneadas, burladas y, en casos brutales, encarceladas por nueve meses. No necesito decir que este es el caso de Pedro Canché.
Pero entre las ruinas étnicas, las simulaciones de derechos y la folklorizacion de la cuestión étnica, las rebeldías salen a flote, Pedro Canché hace periodismo, y su trabajo mueve los cimientos de la mentira estatal.






[1] Bartra, citado en mi tesis de maestría en ciencias sociales titulada: Radiografiando la autonomía de los herederos de la Cruz Parlante: de la autonomía cruzoob a los derechos “indigenistas”, Chetumal, UQROO, 2010, p. 97.
[2] Pablo de Llano, “Bartra: ‘El individuo hiperconectado está más solo que nunca”, El País, 13 de septiembre de 2015.
[3] Sergio Ocampo Arista, “Comunidades de Guerrero, convertidas en pueblos fantasmas por la ola de violencia”, La Jornada, 20 de mayo de 2015.
[4] “Querétaro es el 'tigre' mexicano. Su economía crece a tasas muy superiores a la nacional”, Arena Pública, 10 de agosto de 2015.
[5] La influencia de la geografía en las sociedades es un tema caro para la geografía histórica, planteada magistralmente por Fernand Braudel. Aguirre Rojas, siguiendo estas ideas, describe tres Méxicos existentes en el Estado mexicano actual. Véase Carlos Aguirre Rojas, Contrahistoria de la Revolución mexicana, México, Facultad de Historia de la Universidad Michoacana, 2011, pp. 13-34,
[6] Pablo de Llano, “Bartra: ‘El individuo hiperconectado está más solo que nunca”, El País, 13 de septiembre de 2015.
[7] Cfr. Miguel Alberto Bartolomé, Procesos interculturales. Antropología del pluralismo cultural en América Latina, México, Siglo XXI, 2008; Claudio Lomnitz, “La etnografía y el futuro de la antropología en México”, Revista Nexos, 14 de noviembre de 2014.
[8] Cfr. Pedro Bracamonte y Sosa, Gabriela Solís y Jesús Lizama, Un mundo que desaparece: estudio sobre la región maya peninsular, México, CIESAS, 2011.
[9]Alfonso Villa Rojas, Los elegidos de Dios. Etnografía de los mayas de Quintana Roo, México, INI, 1987.
[10] Gilberto Avilez, Radiografiando la autonomía de los herederos de la Cruz Parlante: de la autonomía cruzoob a los derechos “indigenistas”, Chetumal, UQROO, 2010.

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